El retoque fotográfico en el boudoir es uno de los temas que más malentendidos genera. Y tiene sentido: hay fotógrafos que retocan tan poco que las imágenes parecen instantáneas, y otros que retocan tanto que las personas no se reconocen en las fotos. Los dos extremos tienen su lógica. Ninguno de los dos es el nuestro.
Lo que sí hacemos
Hacemos corrección de color y exposición: ajustamos la temperatura de la luz, el contraste, las sombras y las luces para que la imagen tenga la atmósfera que queríamos conseguir durante la sesión. Esto no cambia cómo te ves; cambia cómo se ve la foto.
Eliminamos distracciones temporales: una marca en la piel que estaba ese día, una arruga de la sábana que aparece en el momento equivocado, algún elemento del fondo que se coló sin querer. Cosas que no son tú, que no estarán mañana, y que no aportan nada a la imagen.
Suavizamos texturas de piel de forma sutil si la iluminación lo requiere. No borramos poros ni hacemos que la piel parezca plástico. Pero hay luces —especialmente las más duras— que exageran texturas de forma que no ayudan a la imagen. Ahí intervenimos.
Lo que no hacemos
No cambiamos proporciones. No adelgazamos cintura, no alargamos piernas, no modificamos formas. Si quisiéramos hacer eso, lo que estaríamos entregando no serías tú, sino una versión modificada de ti. Y eso no es lo que vendes, ni lo que nosotros queremos hacer.
No borramos rasgos que son parte de quién eres. Las marcas de la piel que llevan años contigo, las que cuentan algo, no desaparecen en nuestros retoques.
Por qué esto importa
Porque el objetivo de una sesión boudoir, al menos como la entendemos nosotros, es que te veas de una manera que te sorprenda pero que te reconozcas. Si al ver las fotos piensas «esto no soy yo» —aunque sea en positivo— algo ha fallado.
El retoque tiene que ser invisible. Si lo ves, hemos hecho demasiado.
— Julio & María
Julio y María. Fotógrafos especializados en boudoir y fotografía erótica en León desde 2018. Una sola misión: que te veas como siempre mereciste verte.
