La mayoría de mujeres llegan con los nervios a flor de piel. Algunas nos lo dicen nada más entrar. Otras intentan disimularlo y se les nota en que hablan más de lo habitual o en que no saben dónde poner las manos. Lo sabemos, lo hemos visto muchas veces, y está completamente bien.

Lo que siempre decimos es esto: si los nervios desaparecieran solos antes de llegar, la experiencia no tendría el mismo valor. Parte de lo que hace especial una sesión boudoir es precisamente ese salto — el de aparecer con incertidumbre y marcharte con algo que no esperabas encontrar.

Antes de que empiece nada

Llegamos a la localización — la suite del hotel o el exterior que hayamos acordado — con todo preparado. Lo primero que hacemos siempre es un rato de charla. Sin cámara, sin prisa. María pregunta cómo fue el viaje, si tienes frío, qué ropa has traído. Julio enseña el espacio, la luz, cómo tenemos pensado organizarlo.

No hay ningún protocolo rígido. Es más parecido a prepararte con dos personas que ya saben lo que hacen que a presentarte a una prueba.

Las primeras tomas

Empezamos siempre con algo sencillo. Una pose sentada, apoyada, sin exigirle demasiado al cuerpo ni a la expresión. María va dando indicaciones concretas — no «sé natural», sino «pon el peso en la cadera derecha», «baja el hombro izquierdo», «mira hacia la ventana». Indicaciones que se pueden ejecutar.

Al principio puede resultar raro seguirlas. Es normal. El cuerpo tarda un poco en soltar la tensión.

El momento en que algo cambia

Hay un punto, generalmente entre los veinte y los cuarenta minutos, en que algo se suelta. No siempre es evidente — a veces es solo que la persona deja de pensar en lo que está haciendo y empieza a estar. Otras veces lo vemos en cómo cambia la respiración, o en que de repente suelta una carcajada y la pose que sale justo después es la mejor de la sesión.

Cuando eso pasa, Julio lo sabe. Y esas son las fotos que luego hacen llorar.

Los cambios de vestuario

Dependiendo de la sesión, habrá entre dos y cuatro cambios de ropa. Cada cambio es un descanso natural. María aprovecha para repasar las primeras imágenes en la pantalla de la cámara y enseñarte algunas. Ese momento — ver las primeras fotos — suele ser el que más sorprende a la gente.

Al terminar

Cuando terminamos, hacemos una selección rápida de las imágenes más potentes. Te damos una idea de lo que hay. Las fotos editadas llegan en dos o tres semanas, en una galería privada desde la que puedes seleccionar tus favoritas.

La mayoría de mujeres salen de la sesión con una energía diferente a la que traían. No siempre lo verbalizan. A veces es solo que sonríen de otra manera al despedirse.

Eso es lo que intentamos conseguir.