Hay dos tipos de mujeres que vienen a hacerse una sesión boudoir con nosotros.
El primero: las que lo hacen desde la plenitud. Celebran algo — un cumpleaños redondo, un logro, un momento de su vida en el que se sienten bien y quieren que quede registrado.
El segundo: las que lo hacen desde la herida. Las que han pasado por algo que las ha dejado desconectadas de su propio cuerpo, y que intuyen que necesitan algún tipo de punto de inflexión.
Las dos sesiones son válidas. Las dos tienen su propia magia. Pero las del segundo tipo son las que nos dejan sin palabras.
El postparto
El cuerpo después de un embarazo y un parto es un cuerpo que ha hecho algo extraordinario. Pero raramente lo vivimos así. Lo vivimos como un cuerpo que ya no es «el de antes», que tiene marcas que no estaban, que tarda en responder como esperábamos.
Una sesión boudoir en ese contexto no es un premio de consolación. Es una oportunidad de mirar ese cuerpo desde otro ángulo — uno que no sea el del espejo del cuarto de baño a las tres de la madrugada, sino el de una fotografía bien hecha, con buena luz, por alguien que sabe encontrar la belleza que tú has dejado de ver.
La separación
Cuando una relación de muchos años termina, a menudo se lleva por delante algo más que la relación. Se lleva la imagen que tenías de ti misma como persona deseada, como mujer en el mundo. Recuperar eso lleva tiempo y no ocurre de una sola vez.
Pero hay mujeres que nos han dicho que la sesión boudoir fue parte importante de ese proceso. No porque las curara — sino porque les devolvió una imagen de sí mismas que se les había nublado.
La enfermedad
Este es el contexto que más nos ha impactado a lo largo de los años. Mujeres que han pasado por un cáncer, por una operación que dejó cicatrices, por tratamientos que cambiaron su cuerpo de maneras que no eligieron. Y que deciden, en algún momento de ese proceso o después de él, hacer un retrato de ese cuerpo tal como está ahora.
No existe un «cuerpo adecuado para el boudoir». Existe tu cuerpo. Y eso ya es suficiente.
Lo que podemos hacer, y lo que no
No somos terapeutas. Una sesión de fotos no reemplaza el trabajo emocional que estos procesos requieren. Pero sí podemos crear un espacio seguro, sin juicios, donde durante unas horas lo único que importa es encontrar las imágenes que te recuerden por qué mereces mirarte con amabilidad.
Eso sí podemos hacerlo.
Julio y María. Fotógrafos especializados en boudoir y fotografía erótica en León desde 2018. Una sola misión: que te veas como siempre mereciste verte.